Desde que hace dos años aproximadamente abrieron la veda de la pesca de la anchoa del Cantábrico, llevaba yo con el capricho de hacerme con unas pocas para poder disfrutarlas en casa tranquilamente. Y hoy ha sido ese día.
Durante la última visita a San Vicente de este verano, en la que ya me obligué a comprarlas, decidí documentarme un poco y comprar alguna marca que mereciera la pena. Todos los encuestados me sugirieron la marca de conservas Lolín y, en concreto, la Serie Oro de sus filetes de anchoa. Otra recomendación que me hicieron y que me pareció curiosa e interesante es que las anchoas es mejor comprarlas en lata y no en bote de cristal, ya que en esté último acaban salándose más por el efecto del sol. Y así fue, visto la unanimidad en las respuestas y la sugerencia, decidí comprarlas en latas de 50 gramos, ya que soy el único aficionado en casa y éste es buen tamaño para acabarlas de una sentada y que luego no quedaran abiertas.
Son suaves y me han parecido muy bien saladas, en su punto justo. Su acompañante perfecto, un buen tomate solo, sin ningún tipo de aliño. Así es como me las he comido hoy y de verdad que he disfrutado mucho. Si tenéis la oportunidad de probarlas, os lo aconsejo.
Eso es todo amigos.